
I
ESPAÑA
A lo largo del año 1948 ha venido haciendo crisis, hasta casi ceder por completo, la presión exterior de hostilidad que circuía la situación política de España. Sin que ello haya sucedido por virtud de ninguna maniobra o modificación de esa misma situación política. Las circunstancias del mundo, apreciadas por los Estados Unidos con criterio realista y con firme voluntad de intervención, han sido las determinantes de este cambio, previsto desde el principio por pocos españoles y más tarde excesivamente previsto por casi todos. Sea como fuere este estado de cosas ha de tener importante trascendencia en los asuntos de nuestra vida nacional. La citada presión exterior había fortalecido al régimen imperante, que en su protesta y en su resistencia frente a ella, encontraba, prescindiendo de sus obras, su justificación en toda conciencia española. Sería una gran injusticia no reconocer el acierto y alcance de la impavidez y la serenidad con que el Estado afrontó toda suerte de amenazas e intolerables sanciones, por obra de las cuales su suprema justificación ha radicado en estos años en el lema de la independencia nacional y en el temor, por parte de los españoles –de casi todas las tendencias-, a la situación caótica a que pudiera dar paso un cambio improvisado, radical e impuesto desde fuera. Esa presión exterior imponía también a España una limitación de recursos que impedía –diríamos que dispensaba siquiera de intentarlo- la resolución total de los problemas más apremiantes: la elevación del nivel de vida popular, el freno a la carestía, etc., etc.
Ahora, al cancelarse aquella situación, dos cosas debemos esperar del año que nace: Una ayuda o colaboración resuelta de los países pudientes para los que la situación de España en la Europa de hoy significa un alivio. Y una etapa nueva en la política española para quien las consignas «España, país privilegiado», «España, baluarte contra el comunismo», pasen a convertirse de una fase inmóvil y de mera resistencia a otra de obligada actividad positiva y creadora. Porque, merced a las circunstancias anteriores, la vida española sufre hoy de una cierta atonía, de un desentendimiento colectivo peligroso, de un perezoso aburrimiento. Esto, que sólo las gentes sin visión podrán no advertir y que quizá no afecte al presente, comprometería decididamente el porvenir nacional, dejaría ese porvenir suspenso en el vacío. Y quiérase o no, sépase o se ignore, va a llegar para España la hora de prueba: hora de operar y crear, de regresar a un mundo agitado, pero en medio del cual ningún pueblo puede permitirse lujo de estar solo. No sé si podemos en estas circunstancias ser puramente optimistas, o pesimistas sobre las posibilidades de España. Afirmar, sin más, lo primero sería contribuir al adormecimiento general; incurrir en lo segundo sería peor que la muerte. Pese a mi aversión al tópico, es cosa que creo firmemente que, con todos nuestros defectos, hay aquí acumuladas fuerzas espirituales más sanas y más grandes que en los otros pueblos de Europa. El problema es, como siempre, ver de qué modo y con qué oportunidad esas fuerzas vayan a ponerse en acción.
EUROPA
Contra las apariencias, Europa se restablece o, mejor dicho. Se restablecen los pueblos occidentales y más representativos de Europa. A pesar de la ineficacia democrática, a pesar –o acaso a causa- del acecho comunista y a pesar de la ruina material. Y sobre todo porque la voluntad americana de establecer a Europa parece firme, sana y desinteresada, con lo que –en la medida de lo posible- triunfará en su propósito.
Mas es evidente que para que Europa sea Europa –ya que no el continente que predomine –no basta el restablecimiento de un grupo de pueblos al Este del telón de acero. Mientras Alemania –columna de este viejo mundo- siga en tela de juicio, dividida y maltratada, y Rusia posea media Europa, ésta no será más que un proyecto de campo de batalla. Mientras la sombra de una guerra se cierna sobre Europa, ésta no pasará de ser un recuerdo o un ideal. Y esto es lo grave: hoy parece imposible devolver la confianza a Europa, alejar la sombra de la guerra, cuando es evidente que no puede soportar esa guerra sin extinguirse sabe Dios por cuantas décadas.
El duelo entre Estados Unidos y Rusia se desarrolla hoy sobre países que desearían ser neutrales, que necesitarían muchos años de paz para recobrar su capacidad de «autodecisión». Sobre países «forzosamente democráticos» y seriamente enfermos que necesitarían muchos años de «autoridad» para recobrar su salud.
Por lo que se refiere al año que avanza. Si no surge un chispazo catastrófico, creo que será para el mundo un año más de espera sin que estemos demasiado seguros de saber lo que esperamos…
Artículo anterior - Volver al índice de artículos de la década de los años 40