¿Quiénes somos?BiografiasLibros sobre Don Ramón La tragedia del 36HendayaLibros PolíticosLibros JurídicosPrólogosMinistro del GobiernoLa ruptura con FrancoLas conferenciasArtículos de prensaFotosAudio y VídeoPregones

LA LIBERTAD Y LA ESTATUA

(ABC, 16 de enero de 1952)

Tiene la libertad muy antigua y extensa vocación de estatua. En ella encarnan sus manifestaciones más reales y duraderas. Acaso su destino sea sólo ése: ser bronce, piedra, talla. No hay apenas en el mundo ciudades sin estatuas: patricios más o menos olvidados, glorias locales o universales, guerreros, artistas, hombres de ciencia, acompañados casi siempre por alguna efigie alegórica de la libertad, decoran o afean plazas y jardines.

Al español que transita por el mundo le llena de orgullo advertir la presencia de España, con sus valores y sus mitos, en cualquier parte. En Bruselas -donde el recuerdo del Gran Duque de Alba parece algo tan reciente como la visita del mariscal alemán Von Rundstedt- no falta una estatua española, costeada por “suscripción internacional”. Después de pasear cualquier mañana invernal por amplias y pulcras avenidas, alineadas entre arboles corpulentos y denegridos, bajo un cielo plomizo, en un ambiente frío y pegajoso, puede uno, en el centro de la ciudad, desembocar en alguna plaza con estatuas. En una, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, sobre un pedestal de piedra, se yergue un hombre desnudo, en bronce, con los brazos en alto, portador de una antorcha: es el símbolo de la libertad de conciencia.En el plinto se leen estas palabras:
“A Francisco Ferrer Guardia. Fusillé le … 1909, à Montjuich. Martyr de la liberté de conscience…”,
y “de la acción ” -debieron añadir-, porque en el movimiento que dirigió y inspiró Ferrer se mataba, se ultrajaba, se incendiaba y se saqueaba; por él -padre del anarquismo catalán- y por su obra -”La Escuela Moderna”- llevan luto en Barcelona miles de familias. En la parte posterior del monumento, unas palabras del defensor de Ferrer denuncian deficiencias e irregularidades en la instrucción del proceso. ¡Qué escrupulosidad anacrónica! ¡Falta de requisitos en la instrucción! ¡Si constituye un alarde, un monumento de garantías jurídicas, comparado con cualquiera de los millares de procesos mediante los que esos devotos de la libertad de conciencia pasaportan hoy para el otro mundo a varones dignísimos por haber usado de libertad en el servicio de su ideal!

————————————————-

En un “Saint-Verhaegen” cualquiera (Verhaegen -sin mofa a la santidad- nacido en el seno de la gran burguesía liberal, esencialmente anticlerical, que conquistó el Poder en Bélgica en la mitad del siglo XIX, es el fundador de la “Universidad Libre de Bruselas”, que tanto quiere decir de la “Libre-Pensée”), los estudiantes de la Universidad depositarán flores en el monumento a Ferrer y acto seguido escarnecerán, en forma groseramente crapulesca, una imagen de Cristo, valiosa talla del siglo XVII, que admiran los turistas y veneran las gentes de un antiguo barrio de Bruselas. ¿No habrán pensado los hijos de la “Libre Pensée” que su sacrilegio iba dirigido contra quien murió por la auténtica libertad del hombre, que es la verdad?

Tras de glorificar cosa tan falsa y escarnecer valor tan alto, la “Libre-Pensée” sigue considerándose algo así como la única depositaria y gran estanquera de la libertad; pero la verdad es que se trata, simplemente, de un sectarismo más.

En contraste con esas exhibiciones y esos alardes de desprecio a la conciencia ajena, la Universidad Católica de Lovaina, cuando con ocasión de la ocupación alemana fue clausurada la de Bruselas, dio hospitalidad, moral e intelectual, a millares de estudiantes belgas, hijos de “Libre-Pensée”, que otro modo hubieran tenido que interrumpir sus estudios; y esto pese al peligro de contaminación y a que sus estatutos exigen la condición de católico para ingresar en ella.

Qué distinto el gesto del rector de la Universidad de Lovaina -Van Canwenberg-, que aceptó la prisión antes que dar a los alemanes las listas de los estudiantes -en defensa de su libertad-, tanto católicos como francmasones, a quienes querían enviar a trabajar al otro lado del Rhin. El rector católico, con el sacrificio de su libertad, salvó del exilio forzado y acaso la muerte (en aquellos días, el suelo alemán era horriblemente bombardeado) a esos mismos jóvenes francmasones, hijos de francmasones, que ahora escarnecen la imagen de Cristo crucificado.

¿Dónde está la libertad?

Por la libertad -altísima palabra- han reñido los hombres las más hermosas batallas; pero después -la Historia lo prueba- aquélla sólo se realiza donde imperan el amor y la verdad. Máximo valor del hombre que el mundo niega o escarnece “cometiendo mil crímenes en su nombre”, o falsificándolo con sucedáneos, ya brillantes, ya inmundos. Ante esa realidad, señores y -¿por qué no?- amigos de la “Libre-Pensée”, convengamos en que, en ciertas épocas, aquella vocación estatuaria de la libertad es muy oportuna. Porque sin el mármol no acertaríamos a percibirla.

Ramón SERRANO SUÑER

Artículo anterior - Volver al índice de artículos de la década de los años 50 - Siguiente artículo

Foro Fundación Serrano Suñer - Teléfonos: 669 35 91 36 / 609 70 26 19 - email: info@forofundacionserranosuñer.es