¿Quiénes somos?BiografiasLibros sobre Don Ramón La tragedia del 36HendayaLibros PolíticosLibros JurídicosPrólogosMinistro del GobiernoLa ruptura con FrancoLas conferenciasArtículos de prensaFotosAudio y VídeoPregones

HONOR DE UN TRIBUNAL

24 de mayo de 1962

El escepticismo que los años nos van comunicando sobre el comportamiento de los humanos no me permitía, mientras tenían lugar las emocionantes actuaciones en el juicio contra el General Salan, jefe de la resistencia francesa, y, más exactamente, europea en Argelia, auspiciar el desenlace que ha tenido, mucho más conforme a la razón que el deseado por tanto progesista “humanitario” com pulula por el mundo. Pero hay sorpresas compensadoras que le permiten a uno volver a tener confianza en la cordura de los hombres. Una de esas sorpresas ha sido la sentencia independiente que un Tribunal francés ha tenido un valor inteligente -no creo en su temor- de dictar; seguramente más serena y ajustada a la conveniencia de la paz de Francia que la esperada, temida por unos y deseada por otros. Esa sentencia que libra de la muerte y de otras incomodidades al General Salan debe, ante todo, ser considerada como una prueba más de la inteligencia francesa. Porque el fallo de esos juecs ha impedido el fusilamiento de un gran soldado sólo formalmente rebelde -rebelde frente a unalegalidad sin legitimidad- que no podía ser fusilado. y todavía más, porque el fallo ha eliminado la posibilidad de haber acordado el perdón a un esforzado servidor de su patria, que no tenía de qué ser perdonado. Porque no se pueden fusilar la dignidad, la lealtad y la grandeza, y porque no hay nadie que tenga dignidad suficiente para perdonar esas virtudes. Matar es cosa fácil, cosa de gobernantes simples (eludamos otros calificativos) a quienes les parece que todo puede resolverse así: fusilando. Pero a esos fusiladores que lo fusilan todo, con frencuencia les sale -empleamos una frase vulgar que tiene adecuación a su temperamento- el tiro por la culata. Fusilar no es más que suprimir la entidad física de un hombre, pero los hombres representativos son algo más que materia y vida. Son símbolos que representan valores y realidades -sentidos colectivamente- y es difícil que el sacrificio del hombre no lleve consigo la vigoración y la exaltación del símbolo. Todos hemos conocido hombres-sçimbolos agigantados por la muerte y convertidos en obstáculos insuperables, enemigos invencibles, para sus matadores. En Francia misma, al finalizar la  última guerra, se mató a Brasillach, a Pucheu, a Laval, sin que con ello se destruyera lo que tales hombres representaban; por el contrario, se pusieron de relieve, purificadas, las razones de su actitud y las verdades de su conciencia. Y en todos los países encontraríamos ejemplos aún más expresivos.

Comprendo que muchas personas no hayan entendido o hayan discrepado de la empresa de resistencia con la que el General Salan, al frente de sus hombres, ha intentado retener Argelia para Europa y salvar el fruto de ciento treinta años de esfuerzo europeo en aquel territorio. Comprendo que puedan discutrise y aun rechazarse métodos de combate que ni fué él quien los inventara ni el primero en practicarlos y que nadie, en la inestabilidad y en la inseguridad de una acción clandestina, habría podido controlar con más rigor. Lo que no comprendería es que un francés de sentimientos normales pudiera considerar como traidor a quien a lo largo de 42 años ha servido a su patria no en destinos burocráticos, ni en intrigas políticas, sino en el campo de batalla, con inteligencia y heroísmo singulares, y que, cuando podía gozar con todos los honores de un descanso bien merecido, ha vuelto a poner su vida en juego para seguir sirviendo a Francia y para impedir que los franceses creadores de Argelia sena entregados, indefensos y como reses, a un brutal exterminio. Porque menos que nunca en caso tan grave pueden admitirse falsas palabras ni promesas mentirosas; porque no otras cosa que el exterminio cabe esperar de quienes durante muchos años han venido practicando contras los europeos el terror en sus formas más crueles, sobre cientos de garcías y de Ortegas -sangre española- degollados por familias enteras, sin reparo de sexo ni edad.

Es, sin duda, algo muy distinto de un traidor, quien movido por la preocupación de una Europa disminuída y amenazada pretende luchar para que no se pierda del tod-y a favor de un enemigo seguro- el respaldo norteafricano que siempre se ha considerado estratégicamente indispensable para la seguridad de nuestro continente.

Por supuesto que muchas de las recriminaciones que se han hecho al General Salan (y no solamente en forma de imputación concreta ante sus jueces, sino también en letra impresa) hubieran sido, estuvieron a punto de ser, elogios y parabienes si la fortuna, con la lealtad de los otros, le hubiera acompañado en su tentativa de trasladar al continente la voluntad de la resistencia de los patriotas de Argelia para infundir a Europa una nueva y más segura conciencia de su situación. Y… ¡todavía! Como sea, traicionado y si se le considera vencido, es poco digno que los glosadores de esta empresa hayan creído hacer papel más “a la moda”, olvidadndo el gran gesto de Spínola en Breda, y practicando el sistema poco gallardo de “a moro muerto gran lanzada”.

El Tribunal de París ha sido más digna, más justo y más inteligente que esa caterva de juzgadores oficiosos, que en el límite de la frivolidad o de la mala fe, han puesto esclusivamente su acento en la anécdota terrorista , en esta lucha horrible, olvidadndo que ese terror es un terror a la defensiva, que viene de lejos, y que no es aceptable hacer responsable de los excesos de una hueste desesperada al jefe de un movimiento que ni siquiera cuenta con un metro cuadrado de territorio donde situar de manera estable y segura los elementos necesarios para el mando y control. también olvidan que crímenes se cometen en todas las geurras, aun en las más idealistas y especialmente en las guerras civiles, incluso cuando se libran desde bases bien establecidas y con sistemas de seguridad normalmente organizados.

En fin, los oportunistas (hoy, con raras excepciones, todo el mundo es oportunista) acusan a Salan el valiente de no haber sido oportuno porque -dicen- luchaba contra corriente en temeraria oposición a “los vientos de la Historia” . ¡Los vientos de la Historia! ¡Cuanta vileza y cuánta cobardía quiere cubrirse con esta gárrula fraseología! Los vientos de la Historia soplan de un modo o de otro según como sean encauzados o incluso desencadenados por la voluntad y el valor de los hombres y de los pueblos por la fuerza de su moral.

Los jueces de Francia han impedido en esta ocasión que un soldado ejemplar, consciente de su deber ante la Historia, decidido a cumplirlo hasta el fin, pague por su infortunio más que por su error. Han impedido -por su propio honor- que se situase al hombre consecuente, aunque condenado, en una posición humillante ante la falsa magnanimidad del hombre que ha desertado de la misión para la que fue llamado. La Justicia no exige la indignidad. Y ahora lo que a todos importa es ver si el hombre oportuno, el hombre prudente, el que está en la dirección de los vientos de la Historia, no se convierta en el instrumento para que la Europa abandonada en Argelia se pierda también en el continente. También es posible que ese juicio se celebre un día.

Ramón SERRANO SUÑER

 

Artículo anterior - Volver al índice de artículos de la década de los años 60 - Siguiente artículo

 

 

Foro Fundación Serrano Suñer - Teléfonos: 669 35 91 36 / 609 70 26 19 - email: info@forofundacionserranosuñer.es