LA SOMBRA DE CHINA
(ABC, 5 de agosto de 1997)

Considerados ya los acontecimientos anuales acaecidos en las dos Europas y en las dos Américas, añadimos que,también este año, los accidentes de mayor dramatismo y más violenta tensión han correspondido al ámbito de lo que solemos llamar tercer mundo. este concepto de tercer mundo, lanzado después de la Segunda Guerra Mundial, es, en términos rigurosos, una simplificación que engloba áreas histórica, cultural y socialmente muy diferentes. En general, llamamos tercer mundo al conjunto de pueblos que, con anterioridad al conflicto mundial, vivían bajo la dependencia de las potencias occidentales (y especialmente de las europeas) en concepto de colonias, de protectorados o de zonas de influencia. para empezar, figuraban en ese conjunto marginado y sometido los grandes países orientales, y a la cabeza de ellos, la que hoy debe considerarse como la cuarta estrella en la constelación de las potencias mundiales, la China (y en torno a ella, las penínsulas y archipiélagos que constituyen el complejo Indochino, Indonesio y Coreano). La Revolución China fue una consecuencia de la Segunda Guerra mundial, como la Revolución Rusa lo había sido de la Primera. El hecho de haber surgido esta potencia de la situación colonial, disputada entre anglosajones y japoneses, le ha otorgado, durante algún tiempo, el derecho a considerarse potencia “leader” de todo el tercer mundo, aunque esta pretensión no ha podido verificarse más que en parte mínima. La sombra de China, sin embargo, ha sido decisiva en los conflictos de Indochina cuya guerra ha perdido carácter internacional en el año que venimos capitulando, por virtud de la virtual retirada americana e incluso de los pactos provisionales que Norteamérica ha establecido con la Federación rusa y con la propia China Popular.
Otra parte importante de lo que llamamos tercer mundo lo constituye también la India, que durante el pasado año ha conocido perturbaciones sangrientas, especialmente en su parte islámica, donde el Pakistán bengalí norte con decisiva intervención de la propia India Hindú.

Pero ni China Ni India, que conservan las tradiciones de una cultura mucho más antigua que la occidental, admiten comparación con las otras dos áreas integrantes del “tercer mundo”: el África islámica o norteña, que penetra en el continente asiático por el lado de Persia, y el África continental o negra, cuyas diferencias entre sí son también enormes pues la primera se unifica bajo el peso de una cultura -la islámica- tradicionalmente relacionada con Occidente mientras la segunda constituye un mundo aparte, de estructura tribal, cuyas naciones fueron definidas artificialmente por los límites fortuitos trazados por la colonización. En ambos fragmentos del África se han dado las tensiones más crudas y los conflictos más cruentos: genocidios, golpes de estado, guerras y represiones, entre las que el nombre de Biafra sobresale dramáticamente.
Pero la zona cuyo conflicto adquiere mayor relieve universal es la zona norte, constituida por el mundo árabe o islámico. los esfuerzos por reducir la unidad este mosaico de pueblos bajo la hegemonía de Egipto, han resultado vanos hasta ahora; pese a la enorme importancia que, para el mundo árabe, ha llegado a tener el conflicto con el Estado de Israel, enclavado en sus antiguos territorios por la decisión anglosajona. El drama de las minorías palestinas se ha traducido, durante todo el año, en acciones de terrorismo que, con frecuencia, han tenido la importancia de pequeñas guerras locales, como el el caso de las represalias judías sobre el Líbano.
Los enormes intereses del petróleo, que sostienen a muchos de los países árabes, representan una grave dificultad para la federación de los mismos y, por otra parte, ninguna potencia mundial suscribiría la pretensión islámica de destruir al Estado de Israel.
En general, la dinámica del tercer mundo (dejando aparte el caso de China) ha estado determinada por el equilibrio de terror que ahora parece relajarse y que se llamó durante los años pasados “guerra fría”. La Guerra Fría ha permitido a los países del tercer mundo beneficiarse de la rivalidad de las grandes potencias, pero, al mismo tiempo, ha hecho imposible que ni América, ni Rusia, ni Europa ni China pudieran emplearse a fondo en la revalorización o desarrollo de aquellos grandes espacios sumergidos en el subdesarrollo. Quizá los últimos acontecimientos del año lleguen a crear condiciones más favorables para esta dramática porción del mundo.