
El encuentro de Franco y Hitler en Hendaya
Al fin y al cabo era normal que Hitler, que era quien nos había convocado a una entrevista en territorio francés (que él ocupaba y podía considerarse su domicilio accidental), llegara antes que sus invitados y los esperase algunos minutos. Durante muchos años se han repetido y celebrado en la Prensa estas inexactitudes y se han contado toda clase de disparates y fantasías. En un artículo publicado en un importante periódico de Madrid, con la firma de Victor Alexandrox, se insiste en el gran retraso del tren, con "la novedad de combinarlo ahora con la noticia de que el tren donde nos reunimos en Hendaya estuvo a punto de ser volado por la acción de un grupo de dinamiteros y con otras manifestaciones igualmente falsas y absurdas como que “la conversación entre Hitler y Franco duró unas diez horas” y que Franco prometió«allí» que, “caso de conflicto con la U. R. S. S., los más valientes hijos de Castilla y Aragón -¿por qué no catalanes, andaluces, gallegos, etc.?- participarían junto a los alemanes en la santa cruzada contra el bolchevismo. Esta unidad llevaría el nombre de División Azul». Cuando la verdad es como luego veremos, que no se habló para nada de este tema. Mentiras de tan grueso calibre han circulado con toda facilidad por el país. Para las personas serias, honradamente interesadas en conocer la verdad histórica, recordaré que cuando la entrevista Franco-Hitler tuvo lugar en Hendaya las relaciones germano-rusas eran buenas; veintitrés días más tarde, Molotov, presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y ministro de Negocios Extranjeros, visitaba Berlín por invitación del Gobierno del Reich como consecuencia del «pacto de no agresión» concluido el año anterior; y en el comunicado de las conversaciones que se dio a la Prensa se manifestaba haber llegado a un acuerdo mutuo en todas las cuestiones importantes que interesan a Alemania y a la URSS. Ni siquiera Molotov había planteado a Hitler la aspiración de Stalin de tener manos libres en la Europa oriental. Incluso meses más tarde Stalin consintió en desinteresarse de Grecia y fue entonces cuando manifestó su interés concreto por Yugoslavia.
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Pero sigamos con nuestro relato: la estación de Hendaya estaba engalanada con banderas de España y Alemania. En el andén formaba un batallón rendir honores con bandera y música. Al detenerse nuestro tren, Hitler y Ribbentrop y el mariscal Von Brauchitsch con su séquito llegaron hasta el pie del coche salón del que Franco descendió y los dos jefes de Estado, tranquilos y sonrientes, cambiaron un saludo muy expresivo y afectuoso. Una vez revistadas las fuerzas que rindieron honores, Hitler nos invitó a subir al histórico salón de su tren especial -donde tantas otras conferencias habían tenido lugar-, y allí a las cuatro menos veinte, hora española, quedamos reunidos. Era el tren de Hitler harto más moderno y cuidado que nuestro desvencijado «break». Tomamos asiento en el salón: Hitler, Franco, Ribbentrop, yo y «dos» intérpretes. Por parte alemana actuó como tal una vez más, el intérprete oficial para español del Führer llamado Gross, que ya había intervenido con es te carácter en mis numerosas conversaciones anteriores de Berlín y que parecía un buen hombre –de poca cultura- que había aprendido nuestro idioma durante su actividad de vendedor de mercancías alemanas en América. Este hombre nunca se enteraba más que a medias del sentido de le que decíamos y traducía con-muy deficiente castellano, del modo más aproximativo y rudo incapaz de trasladar correctamente ni un solo «matiz» de los diálogos, cosa que causaba mi desesperación y la del barón de las Torres, que era el primer introductor de embajadores y actuaba como intérprete. (En aquella ocasión el profesor Toval, que en anteriores ocasiones actué de intérprete, unas veces solo y otras junto, con el barón de las Torres en mis conversaciones con Hitler y el ministro Ribbentrop, no estuvo presente; contrariamente a lo que se ha repetido algunas veces. Es cierto que Tovar fue con nosotros a Hendaya, pero no estuvo en la conferencia. Yo lo llevaba conmigo pensando poder contar con su valiosa colaboración.
En algunas de mis anteriores entrevistas con los alemanes dispuse de dos intérpretes: barón de las Torres y el profesor Tovar. Pero en Hendaya se nos dijo que como el Führer tenía un solo intérprete, de ninguna manera podíamos nosotros tener dos; por lo que hubo que, prescindir de Tovar -quedando en la estación con las otras personas que componían nuestro séquito- aunque nos acompañó en el tren en los viajes de ida y vuelta.) No estuvieron tampoco presentes en las conversaciones los embajador es Von Stohrer ni Espinosa de los Monteros. No lo estuvieron nunca tampoco en las conversaciones que tuve yo con Hitler.
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Para empezar, el Generalísimo Franco manifestó la satisfacción que le producía encontrarse por primera vez con el Führer, a quien de nuevo quería expresar su gratitud por la ayuda que Alemania prestó a España durante la guerra. Hitler contestó que también para él era muy grato encontrarse con el Caudillo y ensalzó la gesta del pueblo español que a sus órdenes había sabido enfrentarse con el comunismo. Y en este su preámbulo terminó diciendo que era muy importante la reunión de los dos jefes en aquel momento de la guerra en Europa en que Francia acababa de ser derrotada. Esto dicho, Hitler expuso con amplitud, con precisión y algún efectismo, la situación de los acontecimientos militares y sus planes sobre la integración europea en un nuevo -orden político en el que España no pedía dejar de ocupar un puesto relevante. En este punto reiteró ideas y consideraciones muy conocidas a través de sus discursos y de sus escritos que cualquier lector medianamente informado conocerá y que no voy a repetir ahora. Diré simplemente que lo hizo de una manera demasiado propagandística y lisonjera. De aquí derivó al objeto de la entrevista en términos bastante concisos. Era preciso, "dijo en síntesis, que España participase en el esfuerzo común y contribuyese activamente a la victoria del Eje, presupuesto del nuevo orden político en el que se nos ofrecía un lugar destacado. Alemania necesitaba saber -dijo- hasta qué punto y en qué condiciones podía contar con la participación activa de las armas españolas y con las ventajas estratégicas de su territorio y de los objetivos que ya habían considerado sus Estados Mayores. Habló muy cautelosamente de la necesidad de salvaguardar la costa africana, para la que España era paso obligado. Hizo una exposición minuciosa de cuantos acontecimientos importantes habían ocurrido en los meses anteriores que dieron erigen a la guerra mundial, afirmando que él no había querido la guerra pero que se había visto obligado a aceptarla con todas sus consecuencias.
Se refirió al gran triunfo de las armas alemanas y textualmente (el barón de las Torres, en función - repito- de intérprete español tomó literalmente la frase) dijo: «Yo soy el dueño de Europa y como tengo a mi disposición doscientas divisiones no hay más que obedecer.» Aseguró que el aniquilamiento de Inglaterra era cuestión de muy poco tiempo y que le interesaba tener sujetos los puntos neurálgicos que el enemigo pudiera -intentar utilizar y por ello había querido celebrar esta conversación con el Caudillo, pues" en varios de aquellos puntos España estaba llamada a desempeñar un papel muy importante, y que suponía querría desempeñar ya que si dejaba pasar esta oportunidad no se le volvería a presentar nunca más. Y con este motivo manifestó que tres Cosas le preocupaban: Gibraltar, Marruecos y Canarías. Al pasar a tratar de Gibraltar dijo que era cuestión de honor para el pueblo español reintegrar a la patria ese pedazo de suelo que está todavía en manos extranjeras. y que por su situación privilegiada en el Estrecho era el punto de apoyo más importante que para la navegación por el Mediterráneo tienen los aliados, y que, por tanto, hay que ir tomando en consideración la necesidad de que se cierre el Estrecho, ya que entre Ceuta y Gibraltar, en manos españolas, sería imposible la navegación.
Ataca el segundo punto referente a Marruecos diciendo que España, por su
Historia y por otros muchos antecedentes, es la llamada a quedar en posesión de todo el Marruecos francés y de Orán y que, desde luego, si España entraba en la guerra al lado del Eje le prometía el dominio de los territorios antes citados «para después de la victoria».
Por lo que se refiere a las Islas Canarias dijo que aunque estaba convencido de que los Estados Unidos no habían de entrar en la guerra, “pues no tienen intereses de gran envergadura en ella”, no así los ingleses, “que aunque sufren de una situación precaria actualmente, en cualquier golpe de mano podrían hacerse con ellas y sería, desde luego, un golpe muy fuerte contra la campaña submarina que con toda eficacia se está llevando a cabo”. Terminó insistiendo en que había llegado la hora de que España participara en la guerra para tomar luego su puesto en el nuevo orden europeo. Hitler le recordó que durante la guerra civil española había estado siempre espiritual y materialmente a su lado y se había enfrentado con las mismas dificultades con que él se encuentra para el “triunfo del nacional-sindicalismo y que los mismos enemigos que Franco había tenido y tiene son los suyos también.
Ramón SERRANO SUÑER
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