¿Quiénes somos?BiografiasLibros sobre Don Ramón La tragedia del 36HendayaLibros PolíticosLibros JurídicosPrólogosMinistro del GobiernoLa ruptura con FrancoLas conferenciasArtículos de prensaFotosAudio y VídeoPregones

CARTA DE SERRANO SUÑER

El Alcazar, 16 de marzo de 1978

Mi querido amigo:

Lejos de Madrid he leído las declaraciones que hice a ese periódico, cuidadosamente recogidas en el némero del lunes pero, sin duda por las limitaciones que exige el ajuste de la página donde se publican, se omitió una parte de mi contestación a la pregunta sobre cómo proyectarla para hoy mis experiencias de ayer en la politica exterior; y como con esa omisión queda prácticamente sin respuesta el tema a que se refiere, del cual, aunque solo sea de una manera incidental y breve quisiera dejar constancia, le ruego la inserción de estas líneas.

Decía allí que mi gestión en política exterior fue sometida por la guerra mundial a dura prueba; que Franco, yo y casi todos, cometimos el error de creer en la victoria de Alemania, que si fue posible en el primer año de la conflagración, dejó de serlo, aunqeu no lo advirtiéramos, ya en el año 1940, según se acredita en estudios importantes llevados a cabo, con toda serenidad y riguroso espíritu técnico, por eminente figuras de los ejércitos que estuvieron en guerra: alemanes, franceses, ingleses, americanos e italianos, bajo la dirección de la gran autoridad del historiador militar Liddell Hart.

Pero si eso es cierto, añadía yo (y esta es la parte suprimida), también es verdad que no sufrimos las consecuencias de aquel error precisamente por la resuelta política de “amistad y resistencia” que siguió Franco, en la que yo fui su principal colaborado; “el principal culpable”, dijeron los altos jefes militares alemanes, de que España no interviniera en la guerra a su lado. Esa política de amistad nos libró de ser invadidos por Alemania, y la política dilatoria y evasiva eviró nuestra participación activa a su lado.

Con aquella política exterior inequivoca -que realidaes militares y geográficas aconsejaban- seguimos, con firmeza y flexibilidad a la vez, un camino por el que sorteamos una de las más graves crisis de nuestra historia. No hubo persona de juicio sereno que no lo reconociera así.

Hoy pienso, como viene repitiéndose en muchos artículos de prensa -inteligente, certeros, documentados- que, fuera del juego oficial, se advierte como indudable, a través de aquellas manifestaciones, una extensa coincidencia entre españoles sobre la necesidad de una política internacional de mayor coherencia y menos gesticulante, para enfrentarse con problemas tan arduos como los que soporta el mundo.

La debilidad, la falta de claridad en ideas y propósitos, las rutinas y los estereotipos en materia tan quebradiza, siempre serán un peligro cierto; y también la falta del sentido del tiempo, como así ha sucedido con el problema del Sahara, y su confuso desenlace, ahora -tarde, como ha manifestado el embajadro Piniés- tan inútilmente traído y llevado.

Por lo demás, y de un modo general, hay que pensar, con toda responsabilidad y prudencia, que la neutralidad, tan comprensiblemente deseada por gran parte del país, cada vez va a ser más difícil porque no dependerá sólo de nuestra inhibición, de nuestro retraimiento. Hoy no es correcta, no es real, la equivalencia entre neutralidad y aislamiento, pes la soledad ya no garantiza una actitud netral, sino más bien al contrario: “¡Vae victis!”.

España ha de hacer su política sobre la base de la defensa indeclinable de valores esenciales y permanentes que no admiten disputa en ninguna situación contingente de su historia. Una política propia, indeclinable, en la que sea premisa inconmovible la defensa de nuestra soberanía.

Con mi agradecimiento por la publicación de estas líneas complementarias, quedo suyo afectísimo.

Ramón SERRANO SUÑER

 

Artículo anterior - Volver al índice de artículos de la década de los años 70 - Siguiente artículo

 

 

Foro Fundación Serrano Suñer - Teléfonos: 669 35 91 36 / 609 70 26 19 - email: info@forofundacionserranosuñer.es