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28 de junio de 1979, El Imparcial

El retablo de Vizcaíno Casas

COMIENZA el drama. La gran prueba de fuego del Gobierno. Y la última oportunidad que se le presentará al Congreso de los Diputados para borrar su negativa imagen actual y recobrar su prestigio. De no lograrlo se habrá descalificado para siempre v los españoles (y la historia) le despreciaremos por siempre jamás, amén.

Los estatutos vasco y catalán van a someterse a discusión. En ocasión similar, las Cortes de la II República fueron antes que nada españolas. Y los grandes políticos de entonces, con abstracción de su Ideario de partido, se entregaron afanosamente a la defensa de la unidad nacional. Es un precedente ilustre que nos gustaría que se confirmase ahora. Ya no se trata de trapichear consensos ni de picardear alianzas. Lo que está en juego es, pura y lisamente, el futuro inmediato de España. Su ser o no ser como nación.

Vamos a ver si, por una vez, los partidos políticos están a la altura. Y nos demuestran que, al margen de los intereses accidentales y de las consignas del momento, son conscientes de su responsabilidad histórica. Son, por encima de todo, partidos políticos españoles.

DON RAMÓN.- Con la obsesiva moda del Holocausto, la Prensa (cierta Prensa) se ha entregado afanosamente al ditirambo, la loa patética y el falso historicismo. Hasta alguien recordó que hay un español que tuvo estrechas vínculaciones en 1940, con la Alemania nazi, porque era entonces nuestro ministro de Asuntos Exteriores: don Ramón Serrano Súñer. Y le hizo una breve entrevista.

Pero (¡cómo no!) matizándole las respuestas al gusto del entrevistador. Entonces don Ramón (con cuya amistad me honro) me envía una cuartilla aclaratoria, que reproduzco Integra, como es natural.
Dice así:

Yo veo poco esa película. No me gusta verla porque es muy desagradable porque no siempre está hecha con el debido rigor histórico. Yo no he dicho que «Holocausto sea verdad»; lo que digo es que son verdad aquellas horribles matanzas en los campos de concentración, convertidos en campos de exterminio. Pero también digo que si esas exhibiciones de horribles crueldades, allí cometidas por los nazis, se hacen con honrada finalidad, para que sirvan de advertencia, condenación y escarmiento -para que nunca puedan repetirse-, hay que extenderlas también a las matanzas de millones de hombres que se cometieron en otros países… y que, en alguna medida, se siguen cometiendo.
Tengamos piedad, compasión, el más profundo respeto para todos -muchos, por desgracia- los que, donde fuera, en un lado y otro lado, sufrieron el dolor físico y moral en sí y en los suyos; lo que bien conozco por dolorosa experiencia personal. 
Pero junto a los que entonces sufrieron y murieron, y a los que aun sufran y estén marcados por tanta desgracia y amargura, hay otros -¡muchos, también!- que se aprovechan de horrores y dolores ajenos para fines extraños a la piedad y los explotan con propósitos proselitistas y de odio, haciendo mercadería de las pasiones humanas.
Seria monstruosa injusticia querer envolver a todo el pueblo alemán en aquel genocidio: son quienes lo realizaron quienes se han envilecido, pero también se envilecen los que lo explotan con ruines propósitos políticos y con odio. Estos también están ensombreciendo la historia de la humanidad.

YO AÑADO.- Yo añado. a los párrafos firmes, diáfanos y tan certeros de don Ramón, unos cuantos nombres, unas cuantas referencias. Como Hiroshima y Nagasaki: centenares de miles de víctimas inocentes en apenas unos minutos. O Dresde, donde un bombardeo aéreo sin precedentes machacó la ciudad: alrededor de cincuenta mil muertos en la población civil. O el también campo de exterminio de Katyn. O el archipiélago Gulag. ¿Es que los vencedores de la segunda guerra mundial, por serlo, quedaron exculpados de cualquier tacha de monstruosas barbaridades?

Y a niveles españoles (no sería justo olvidarlo) Paracuellos del Jarama, el Saler valenciano, la Modelo de Madrid, tantas luctuosas tapias, tantas cunetas ensangrentadas. Merecería la pena, ahora que ponen de moda tema de semejante dramatismo, reeditar a precios populares La dominación roja de España. Causa general, instruida por el ministerio fiscal. La última edición que conozco es de 1961. Allí se relaciona, con todo rigor judicial, el holocausto de millares de españoles entre 1936 y 1939.

Conste que hace años estaba decidido a olvidar todo aquello. Incluso a perdonarlo. No soy, ciertamente, yo (ni muchos que piensan como yo y están donde yo estoy) el responsable de que, tanto tiempo después y cuando más se habla de reconciliación y de futuro, de libertad y de armonía, vuelva a imponerse el tema en todos los medios de comunicación.

 

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