
Franco ante la Historia
LUCES Y SOMBRAS
ABC, 27 de octubre de 1985
Que en el largo mandato de Franco se llevaran a cabo obras importantes: industrialización del país, obras públicas, trabajo, política social de indudable profundidad, y con acento socialista, el desarrollo económico, etcétera, son cosas de todos conocidas, dichas ya y repetidas. Aunque desde otro plano político, con conducta y autoridad moral, siempre se han discutido, y podrán discutirse, otros aspectos de su acción y sistema. Faltó al régimen una visión política para el futuro; para un proyecto de vida en común, con una participación efectiva del pueblo en el ejercicio de las funciones y responsabilidades públicas, como siempre postuló José Antonio; faltó que se abrieran con autenticidad y anchura cauces por los que discurrieran limpiamente (lo que siempre, entonces y ahora, es necesario) las corrientes de opinión, y se llegara, con ello, a la educación civil de las conciencias ciudadanas; el sentido del deber y de la responsabilidad .
Jefe Franco durante cuarenta años, circunstancias muy conocidas jugaron a su favor; aunque quizá otro hombre no hubiera sido tan capaz de absorción y de adaptación como lo fue él.
El desarrollo de todo esto nos obligaría a hablar del frustrado intento falangista y de otros muchos temas, lo que no cabe en el espacio que se me ofrece. Por eso, mejor que repetir lo dicho, incluso por quienes buscaron afanosos en su tiempo en lo que luego han buscado en otras situaciones (es la falta de honestidad, de serenidad, tan frecuente en nuestra vida pública), sería tratar de profundizar en su personalidad tanto en su aspecto humano como en el político y en el militar. Lo que no se puede hacer deprisa, sin exponerse al error, dada la complejidad de la misma.
Hace ya unos años empecé a escribir un libro con el título «La verdadera imagen de Franco», que me sugirió el gran periodista Manuel Aznar. Llené bastantes folios, y un día, llegado a un punto delicado, me detuve. Y en esta situación se halla actualmente.
He pensado muchas veces en abandonar la empresa; otras considero que si el deber es una deuda que tenemos con nosotros mismos, el mío, sobre este tema, tal vez consista en concluir, en dar cima al empeño.
Nada más lejos que intentar situar el futuro posible libro en un ambiente de expectación. No trato de buscar o crear sensacionalismos, sino que, muy al contrario, mi preocupación en este afán consiste en relatar con un rigor insobornable lo que conocí y advertí en aquella personalidad en sus distintas vertientes. El libro no habría de ser un libro para incondicionales absolutos ni tampoco para enemigos o detractores sistemáticos. Estaña inspirado en la más exigente aptitud con tanta pulcritud moral como intelectual, distinguiendo creencias profundas de fanatismos y oportunismos con el deseo de describir la auténtica realidad.
Si la verdad es, según Séneca, «el único bien del hombre», es claro que nuestro deber es reflejarla con toda su exactitud.
Ramón SERRANO SUÑER
Ex ministro y cofundador del régimen
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