
EL GENERAL CAPAZ, EN «LA CLAVE»
ABC, 13 de noviembre de 1985
Todos los que intervinieron en el coloquio televisivo de «La clave» sobre el tema Franco se produjeron con serenidad y con las mejores maneras, y creo que la mayor contribución a que esto sucediera la dieron precisamente aquellas personas sobre las que el prejuicio hacía pensar que no ocurriera así. No sería justo negar a Balbín la parte que le corresponde en la creación de ese ambiente.
Puso especial nota de dignidad y equilibrio en sus intervenciones el historiador Juan Pablo Fusi, cosa que, por otra parte, no me sorprendió, pues ya había advertido esas cualidades en su último libro sobre Franco, que es un trato excelente –ponderado y con propósito objetivo-, bien distinto de la mayoría de los que sobre ese tema, en uno y otro campo, se han escrito.
A pesar de aquel ambiente del coloquio, quedaron sin contestación muchas cuestiones planteadas en torno al carácter y manera de ser de Franco: amistades, enemistades, timidez, prudencia, etcétera.
Con motivo de referencias inevitables a la política exterior, el socialista José Prat se refirió a Marruecos y al poco acierto con el que se llevó a cabo el abandono del Protectorado español -precipitado por la conducta de Francia- y lamentó, con razón, pérdida de los fosfatos del Sahara y la Ifni, que había ocupado durante la República el general Capaz, en una muy inteligente operación que por él fue preparada y desarrollada.
Antiguo amigo mío, Prat, en su día, había aplaudido, como yo y como tantos otros diputados en las Cortes de la República, la notificación que hizo entonces el Gobierno de haberse ocupado por las tropas españolas «Santa Cruz de Mar Pequeña».
Después de este elogio que de tal acontecimiento hizo Prat, y al que se unió especialmente Fusi, también Semprún y algún otro de los presentes en el coloquio, todos se lamentaron de que la figura de Capaz hubiera caído en el olvido y de que nunca más se hablara de él. En este punto no puedo estar de acuerdo.
Aunque de la personalidad y prestigio del general Capaz yo sabía, naturalmente, con anterioridad, le conocí personalmente en la llamada cárcel Modelo de Madrid, donde los dos estábamos presos. Nuestra relación se inició en el patio de la galería primera de la citada cárcel, pues él no estuvo nunca en la llamada galería de políticos, que existió hasta pocos días después, en que fue asaltada y extinguida.
He de decir que hace unos años, en un libro mío, me referí ampliamente al general y escribí así:
Recuerdo, de mi época de diputado, que en una sesión de Cortes, al principio del año 1934, siendo Lerroux presidente del Consejo de Ministros, comunicó a la Cámara que el coronel Capaz había ocupado pacíficamente el territorio de Ifni -«Santa cruz de Mar Pequeña»- con el auxilio de la aviación española y de acuerdo con los franceses. «Santa Cruz de Mar Pequeña» era la aspiración de España en su política marroquí desde hacía más de dos siglos. El territorio había sido descubierto por el español don Diego de Herrera, que allí instaló un castillo. En los tratados concertados por España con Marruecos se le había concedido a nuestro país solamente el establecimiento de una pesquería.
El deseo de ocupar el territorio de «Santa cruz de Mar Pequeña» se había manifestado en todos los tratados diplomáticos desde que en 1777 Jorge Juan pretendió tal empresa y vino afirmándose luego con el tratado de Tetuán del año 1870, y en los concertados con Francia en 1904 y 1912. España invocó siempre sus derechos seculares para reivindicarlo. El nombre de «Santa cruz de Mar Pequeña» es el que había venido figurando en todas las negociaciones diplomáticas, y sólo a partir de 1883, en una nota de Mohamed Vargas, ministro del Sultán, aparece por primera vez el nombre de Ifni unido al de «Santa cruz de Mar Pequeña». Anteriormente, en los mismos tratados árabes había aparecido siempre mencionado con el nombre español.
El anuncio que de la ocupación de aquel territorio hizo el jefe del Gobierno a la Cámara, repetiré que fue aplaudido con unanimidad y entusiasmo, con la única excepción del diputado comunista Bolívar; no sé si olvido algún otro nombre.
La satisfacción de los diputados canarios fue grande, dada la importancia que por razones de vecindad tenía Ifni para Canarias. Las islas Canarias estaban unidas entonces a la Península por una línea de aviones que tenía que ir a Cabo Jubi para después saltar a la isla de Gran Canaria; en lo sucesivo tendríamos un territorio donde, en casos de emergencia o de otra índole, poder aterrizar.
El coronel Oswaldo Fernando Capaz había sido confinado en Canarias durante el Gobierno de Azaña, pero en la preparación y dirección de la ocupación de Ifni demostró – posiblemente una vez más- excepcionales condiciones militares y políticas, por lo que fue ascendido a general de brigada. En los días que vivió -hasta el 22 de agosto- nos paseábamos juntos por el patio de la cárcel durante las horas que nos permitían hacerlo y me hablaba con la mayor seguridad en la victoria, ya que los militares -me decía- tenían un Ejército perfectamente organizado y jerarquizado, mientras que el Gobierno republicano, aunque contaba con algunos jefes y oficiales valerosos y competentes, como el coronel Vicente Rojo, carecía de soldados disciplinados, cosa que agravaban las interferencias políticas. Y así fue. Con igual seguridad me decía que nuestra situación -la de los presos- no tenía salida si no llegaba el Ejército nacional a Madrid, momento en que, teníamos que adueñarnos de la prisión, arrollando y desarmando a los milicianos y vigilantes, pues de otra manera nos matarían a todos.
Era Capaz un hombre íntegro, razonador, serio y respetable. Nunca hablaba de sus méritos y jamás toleró la menor vejación de los milicianos ni entabló con ellos conversación. Fue allí, para todos, paradigma de dignidad, integridad y aplomo. El Gobierno de la República le encarceló por haberse negado a organizar y dirigir unidades para combatir Ejército alzado en armas contra el Gobierno del Frente Popular. «Yo soy un jefe -decía- que manda soldados, no gentes alborotadas.»
Luego tuve mucha información de la que había sido su brillante carrera militar, con extraordinarias dotes de mando y gran firmeza de carácter. Fue desde muy joven un gran conocedor de los marroquíes, que le admiraban y respetaban de manera especial. Hablaba -dominaba- el idioma árabe y al frente de la harca que llevó e hizo famoso a su nombre alcanzó un prestigio enorme entre los moros, que por sus virtudes, su valor en el combate y su singular personalidad, lo consideraban como un «santón». Su acciónpolítica fue muy hábil y eficaz como interventor primero y más tarde al ejercer el cargo de delegado general de Asuntos Indígenas.
Volviendo a su estancia en la cárcel, diré que en la madrugada del 22 de agosto, sentados todos los presos en el suelo de la galería primera, varios milicianos con pequeñas linternas en la mano gritaban: « Ese que llaman el general Capaz»; lo cogieron en la galería, tratando de atarlo, lo que no consiguieron, y a empujones lo sacaron de la cárcel y lo mataron.
Así se perdió para España el gran soldado que fue Oswaldo Fernando Capaz.
Ramón SERRANO SUÑER
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